Cuando los investigadores de la música se #quedanencasa: MERCEDES A. PAYÁN RAMÍREZ

Mercedes A. Payán Ramírez[1]


Como a todas las personas que conozco, la pandemia ha tocado hondamente en mi experiencia vital. Desde los aspectos más cotidianos, como salir a comprar lo necesario para el funcionamiento del ámbito doméstico, hasta los aspectos laborales y académicos, que sin aviso cambiaron de formato, se pausaron y produjeron un alto grado de incertidumbre en mi seguridad económica y formativa.

Justo un mes antes de la explosión de la pandemia en México renuncié a mi trabajo como investigadora en el Centro Cultural Ollin Yoliztli y a mi posición como primera flauta y piccolista de Pasatono en la Orquesta Mexicana para emprender el camino hacia Estados Unidos, donde planeaba hacer exámenes de ingreso al doctorado a finales de este año. No pude llegar a mi destino, pues las fronteras cerraron su acceso, así que mi esposo y yo decidimos quedarnos en Ciudad Juárez. Así, nos quedamos a la espera de que cambiara la situación o mi estatus ante el gobierno estadounidense para dejar de ser simplemente una ciudadana mexicana y poder convertirme en una estudiante aceptada por alguna universidad norteamericana; cambio que, ahora mismo, no sé cuándo sucederá.

Debo decir que, el hecho de que estuviéramos a mitad de un proyecto de esas dimensiones hizo que el estado de emergencia no nos agarrara desprevenidos y contábamos con un buen ahorro que no nos dejó en la indefensión económica. Pero sé que no a todas las personas las encontró preparadas para algo como lo que estamos viviendo.

Durante los primeros meses pasé por un largo proceso de aceptación de esta nueva realidad que, definitivamente, estaba y sigue estando fuera de mi control.  Poco a poco fueron surgiendo algunas propuestas para colaborar a distancia en proyectos musicales, editoriales, de difusión e investigación que, al principio, no daban señales de constituirse en trabajos remunerados pero que después me sorprendieron con algunas excepciones. Me volví a sumar al trabajo con la Orquesta Mexicana para trabajar desde la virtualidad; me invitaron a participar en algunos eventos académicos con Alas y Raíces y en el Foro Mexicano de Educadores Musicales para presentar mis experiencias de investigación. Además, pude reanudar el trabajo de coordinación de la red de Investigación Musical México junto con mi colega Maby Muñoz, pues es justo ahora que se nos presenta una oportunidad para darle seguimiento, considerando todo este tiempo disponible con el que ahora contamos.

Posteriormente comencé a buscar trabajo en Ciudad Juárez, para reanudar mi vida laboral, activarme económicamente y sumarme a la dinámica local en el ámbito de la música, la educación y la investigación. No ha sido sencillo, especialmente porque el formato en el que he realizado cada búsqueda y contacto ha sido a distancia y, para mí, el contacto cara a cara y la presentación en persona tienen una calidad irremplazable. Sin embargo, en medio de este remolino de adaptación y de búsqueda, me he encontrado con algunas oportunidades.

 La primera, un trabajo fijo en la docencia musical dentro del programa de Agrupaciones Musicales Comunitarias del Sistema Nacional de Fomento Musical de CONACULTA, que ha seguido operando desde la virtualidad. La segunda, un contrato por una semana para dar un curso de formación continua en línea con la planta docente de la Escuela de Teatro, Danza y Música de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, institución con la que ya había trabajado el año pasado en una actividad del mismo tipo, pero en formato presencial.

Sé que soy afortunada por haber conseguido trabajo en medio de la pandemia, cuando la constante para la mayoría más bien ha sido perderlo. Reconozco también que son trabajos que he podido conseguir gracias a que he realizado una labor previa de presentaciones musicales, publicaciones, difusión e investigación en instituciones de educación media superior y superior y enlaces profesionales que me han dado el soporte suficiente para que, después de un par de meses de búsqueda, ahora esté en proceso de contratación. Además, por mi edad y contexto citadino cuento con las habilidades y herramientas para realizar mis actividades a distancia. Sobre esto, creo que es una gran apuesta la que hacen las instituciones con las que he colaborado y ahora estoy próxima a trabajar, para continuar su labor formativa en la virtualidad y tratar de aprovechar al máximo los recursos con los que cuentan; aún a sabiendas de que esto será un gran experimento y que no sabemos cuáles serán sus resultados.

Esta flexibilidad, personal e institucional, es la que creo que puede sacarnos a flote, pues hay muchas cosas por hacer, pero sin los recursos y la voluntad de las instituciones para transformarlos es imposible conseguir darle seguimiento a cada proyecto planteado en el formato presencial. Serán necesarias propuestas que acerquen de manera masiva dispositivos, condiciones de accesibilidad y oportunidades para desarrollar las habilidades que permitan conectarse vía remota y seguir adelante con algunos aspectos de la vida. Otros, simplemente tendremos que esperar hasta que los entornos físicos sean lo suficientemente seguros para continuar.

En lo que eso sucede, espero, para mí y para mis colegas, que podamos ser parte de este proceso de transformación y ayudemos a construir puentes entre quienes ya contamos con las herramientas para enfrentarnos a la situación y quienes aún se encuentran lejos de conseguirlas.

[1] Maestra en Música-Etnomusicología por la Facultad de Música de la UNAM, Licenciada en Educación Musical por la Universidad Veracruzana y egresada de la Licenciatura en Música-Intérprete en Flauta Transversa de la Facultad de Música de la UNAM.

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